Elite: Dangerous

[GR] Elite: Dangerous — Dios en la ausencia

No creo en Dios. Y no será por falta de ganas. Para alguien que ha visto perder a varios seres queridos antes de los treinta, quien ha estado a punto de palmar dos veces —una por una grave negligencia laboral—, cualquier deseo se le hace necesidad. Y sin embargo, cuando juego a Elite: Dangerous pienso en Dios. Como mirar al cielo en mitad de la resaca. Ahí arriba hay demasiadas estrellas para eludir cualquier forma de responsabilidad, para dar por sentado cualquier tipo de sentencia. Por esto mismo, a Elite se le reprocha que es un juego demasiado hard, excesivamente agresivo en su planteamiento jugable-lúdico. Arrancas, levas anclas, y a quemar combustible. Nadie te fija el objetivo, nada te señala que llevas demasiado rato equivocándote, que vas por el wrong way. Esto no es Need For Speed. A los nuevos pilotos les cuesta comprender que tampoco existe arriba y abajo. Puedes hacer un descenso circular, imitando al Barón Rojo en plena maniobra evasiva, pero nunca caerás y arramplarás contra unos pinos en plena Marsella. Ascender y descender son meras tipologías de navegación. Como decía Ender Wiggin: «en el espacio no hay direcciones».

Pertenezco a una generación que no pudo jugar al Elite original, por razones obvias. De hecho, dudo que nadie quien me esté leyendo pueda afirmarlo, a no ser que entre el año 83 y 84 estudiara en la Jesus College de Cambridge, y compartiera los hallazgos en tiempo real junto al resto de estudiantes. No viví la experiencia completa. Lo jugué, no obstante, años más tarde con cierto afán documentativo. De aquello puedo extraer dos posibles conclusiones: Elite Dangerous no es mejor. Su dangerous apela a la voracidad del rival, a los devastadores peligros de la nada desconocida, al horror de perderlo todo por una emboscada, un sabotaje idiota o un simple error de cálculo. Dangerous es más. Mayor tamaño, mejores gráficos, superiores opciones de configuración y comercio; pero se trata simplemente del evidente testimonio del paso del tiempo a través de la tecnología. El tamaño no testifica la calidad. El ritmo sí. Por eso en los 90, en pleno auge de las set pieces de acción, donde la duración de cada filme se dilataba sobre el anterior, se volvían locos por dar con el montador adecuado. Hoy día el montaje sigue siendo la segunda estrella del Rock, la clave que modifica y transforma el tempo narrativo. Elite no marcaba horarios. Imagino que tampoco estábamos tan ansiosos por medirlos.

Un amigo, forofo de Elite, me pregunta qué tal llevo la review. Le digo que me limito a desembarcar y vagar por el espacio. Me ajusto unos cascos de diadema cerrados y subo el volumen para escuchar el silencio. El vacío infinito. Me insiste en que por qué no aprovecho la ocasión para recalcar su nuevo sistema de elección de misiones, que está genial porque ahora puedes retomar la misión donde la dejaste. O hablar de las expansiones ‘Arena’ para las batallas navales, ‘Horizons’ para el desembarco en lunas y satélites, y lo que está por venir. No quiero. Quiero estar sólo. Me pregunta por qué he pagado 40 euros por un juego para estar sólo. No sé. No preguntaría cuánto se ha gastado un aficionado del running en el último año, donde ha repuesto calzado, reloj contador de pulsaciones o cualquier otro wearable, ropa, un Walkman nuevo. Y todo para escapar de su cálido hogar, una huida temporal para ordenar ideas, desahogarse, quemar calorías. Como él quiera llamarlo. La soledad me permite mantener una distancia conmigo mismo. He pagado más en terapias.

Elite: Dangerous (antes y ahora)
Elite: antes y ahora

Elite Dangerous va de navegar en soledad. Dios no es él entonces, soy yo. Yo pongo las normas en caso de urgencia. Está bien: recolectando piedras en Raticulín progresas más rápidamente en esa cadena trófica de ratas espaciales. Pero el progreso es tan sólo una entelequia, un fantasma que nos convence de inercias excluyentes y demasiado ansiosas. Dejadme tan sólo navegar hasta que ya no quede oxígeno. Dejadme vagar en silencio. Dejadme sentir a Dios en toda su ausencia.

Un comentario en “[GR] Elite: Dangerous — Dios en la ausencia

  1. No me di cuenta en su momento que habías escrito una crítica a este juego tan reshulón, y me ha molado, pues es diferente y tiene un encanto especial.

    La verdad es que después de jugar a No Man’s Sky, puedo asegurar que es el hermano ‘quarterback’ de «Elite: Dangerous»: tonto, pero guapo, pues aunque la premisa sea similar, difieren en la esencia y dónde uno sube, el otro se hunde sin cesar.

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